Se puede seguir, pero no es mi intención aburrirlos ni divertirlos. Cualquiera de estas ideas sería una maniobra de distracción, para ocultar durante algunos minutos que ninguna práctica teatral puede recibirlas. Maniobras que seguramente no serían mal vistas, porque al fin y al cabo en nuestro país se siguen celebrando exposiciones de ganadería y se premian a las razas que se refinaron para la exportación, cuando ya no hay oportunidad de colar ni media res en los mercados internacionales. Y los grandes diarios les dedican suplementos especiales, y la opinión de esos que se vanaglorian de las cocardas puede decidir el destino de millones de argentinos. La voz de la oligarquía, como la flor azteca, no tiene base, pero sigue hablando, dando órdenes, imponiendo estilo. Si con parte del territorio nacional ocupado por Gran Bretaña se puede filmar Miss Mary y mandarla a festivales internacionales, hay que preocuparse de que, aún evitando ser un cretino, uno pueda con mucha facilidad ser un idiota.
Teatro argentino: entre el subte y el vacío
Alberto Ure
Sacate la careta
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